Conocida por su relación con Carmen Conde, Amanda Junquera fue también escritora y traductora. Su único libro, Un hueco en la luz, y sus críticas literarias muestran una voz propia que merece ser rescatada.
¿Quién fue Amanda Junquera?
¿Te suena su nombre? Si has llegado hasta este espacio, Con Letra de Mujer, es posible que lo hayas escuchado alguna vez. Pero lo más probable es que nunca hayas oído hablar de esta autora.
De hecho, si escribes Amanda Junquera en el todopoderoso Google, comprobarás que hay muy pocas referencias sobre ella. Y casi toda la información disponible aparece siempre vinculada a Carmen Conde.
Y no es que la relación entre ambas no fuera importante —lo fue, y mucho—, pero da la impresión de que la figura de Junquera ha quedado eclipsada por la proyección intelectual de la primera académica de la RAE.
Si Elena Garro fue la mujer de Octavio Paz, María Teresa León la de Alberti, Zenobia Camprubí la de Juan Ramón Jiménez; Amanda Junquera carga con la etiqueta de ser la compañera de Carmen Conde.
Así, su legado profesional ha quedado doblemente silenciado. En primer lugar, por la misoginia intelectual y social que venimos padeciendo y arrastrando las mujeres a lo largo de la historia y que fue especialmente dura durante la dictadura franquista.
Y en segundo lugar, por sus lazos sentimentales, Amanda siempre es la amante de…, la pareja de…
Se nos olvida que Junquera fue una brillante traductora, en una época en la que muy pocas mujeres accedían a ese tipo de espacios intelectuales. Además, de cronista y autora de cuentos. Sin duda alguna, fue una mujer de letras cuya figura merece ser rescatada.
Los orígenes de una mujer de letras…
Amanda Junquera Butler nació en Madrid el 19 de octubre de 1898.
Poco sabemos sobre la infancia de Amanda. Hacia 1910, vivía junto a su madre y sus cinco hermanos en el número 36 de la madrileña calle de la Luna. Y que fue precisamente su madre quien despertó en ella el amor por la lectura y la música.
Durante su juventud, Amanda recorrió varios países de Europa, una experiencia que le permitió aprender diferentes idiomas y que más adelante sería clave para desarrollar su carrera como traductora.
En julio de 1928, contrajo matrimonio con Cayetano Alcázar Molina, académico y decano de la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia.
Y unos años después, en 1936, su vida cambió para siempre: conoció a Carmen Conde.
El encuentro con Carmen Conde
El destino las cruzó durante la inauguración de la Universidad Popular de Cartagena, un proyecto pedagógico de la propia Conde. Nació entre ambas una complicidad que no tardó en transformarse en vínculo amoroso.
No fue hasta junio de 1937, durante unas vacaciones juntas en el Parque Natural del Peñón de Ifach, en Valencia, cuando su relación dio un giro decisivo y se podría afirmar que se convirtieron en amantes. Relación que se consolidó cuando sus maridos son enviados al frente durante la guerra civil española.
Pero la contienda acabó y las autoridades franquistas pusieron el foco sobre Carmen Conde debido a su activa participación en iniciativas pedagógicas durante la Segunda República. Carmen había fundado la Universidad Popular de Murcia y colaborado estrechamente con las Misiones Pedagógicas, lo que la convirtió en una figura incómoda para el nuevo régimen.
Ante el riesgo de ser detenida, fue Amanda quien salió en su ayuda. Gracias a su posición social (su marido, Cayetano Alcázar, tenía conexiones con el régimen franquista), logró facilitar la huida de Carmen desde Valencia. Entonces ambas se trasladaron a Madrid, donde Conde permaneció oculta durante un año en la casa de la hermana de Amanda.
En 1940, ambas se instalaron en San Lorenzo de El Escorial, en busca de mayor discreción. Dos años después, en 1942, el marido de Amanda se reuniría con ellas en Madrid. El matrimonio alquiló entonces una vivienda que pertenecía al poeta Vicente Aleixandre. Durante años, aquella casa fue el peculiar y discreto hogar compartido por los tres.

Es fácil imaginar que las relaciones entre ellos fueran, cuanto menos, complejas. Aunque el vínculo entre ambas mujeres era sólido, la asfixiante situación social les impedía reconocer su sexualidad, y plantearse el divorcio era impensable en la España de Franco.
Por eso optaron por una solución muy habitual en la época; mantener las apariencias, llevar una vida convencional mientras, en la intimidad, tejían su verdadera relación sentimental.
Cayetano Alcázar falleció en 1958. Tras su muerte, Amanda y Carmen continuaron juntas. Cuando Antonio Oliver (el marido de Carmen Conde) murió en 1968, ella se mudó definitivamente a la casa de Amanda.
Aun así, y pese a llevar décadas de relación, ambas continuaron manteniendo su relación con extrema reserva. Ni siquiera tras la muerte del último de sus esposos se sintieron libres de vivir abiertamente como pareja.
Epistolario Carmen Conde – Amanda Junquera (1936–1978)
De los casi cincuenta años que compartieron, nos queda un testimonio tan íntimo como valioso: el epistolario entre ambas.
A través de estas 393 cartas, se evidencia no solo la intensa complicidad intelectual que compartían estas dos mujeres, sino también el profundo lazo afectivo que las unía.
En la correspondencia, vemos, por ejemplo, cómo Carmen Conde le dedica a Amanda poemas cargados de emoción, en ellos alude a figuras como Katherine Mansfield, utilizando un lenguaje simbólico identificado hoy como parte del código lésbico de la época.
La poeta expresa con claridad su deseo de compartir la vida con Junquera. Revela la intensidad de sus sentimientos y las dificultades que ambas atravesaron, y al mismo tiempo nos permite comprender cómo aquella «eterna amiga» se convirtió en musa, compañera, refugio e inspiración en una existencia marcada por el silencio impuesto.
Epistolario Carmen Conde – Amanda Junquera (1936–1978)
Tapa blanda – 10 mayo 2021
Y su obra…
Como decíamos al principio, su figura está por descubrir; faltan estudios sobre su obra. Sabemos, por ejemplo, que sus primeros trabajos los publicó con el seudónimo de Isabel de Ambía.
Y que no fue hasta 1940 cuando comenzó a publicar de manera regular. A lo largo de los años, escribió ensayos, crónicas, críticas literarias y cuentos, muchos de los cuales aparecieron en prestigiosas revistas culturales como Cuadernos de Literatura Contemporánea, Destino (Barcelona), El Español o Hispania (publicación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC).
En estas revistas colaboró como crítica literaria y ensayista, firmando estudios sobre autores relevantes de la literatura española.
Algunos de sus textos más destacados son:
- La obra de Concha Espina (en Cuadernos de Literatura Contemporánea, 1942, n.º 1, pp. 7–22).
- El capitán Garcilaso de la Vega (en Hispania. Revista Española de Historia, 1941, n.º IV, pp. 114–115).
- Junto a Gabriel Miró (en Cuadernos de Literatura Contemporánea, 1942, pp. 226–228).
- Magia en la vida y en la obra de Ramón del Valle-Inclán (en Cuadernos de Literatura Contemporánea, 1946, n.º 18, pp. 479–484).
A partir de 1942, inició además una destacada labor como traductora, una de las facetas más relevantes —y menos conocidas— de su carrera. Tradujo al español obras literarias de autores ingleses, franceses e italianos. Entre los escritores a los que dio voz en castellano figuran Adriano Augusto Michieli, Marcel Pagnol, Anna Maria Speckel, Alejandro Tassoni Estense y William Thomas Walsh, entre otros.
En 1947, publicó su único libro, titulado Un hueco en la luz, una colección de relatos firmada bajo su seudónimo, Isabel de Ambía. Esta obra representa la culminación de una voz literaria discreta pero firme, que encontró en el cuento un espacio para expresarse.

El legado de Amanda Junquera
Amanda Junquera murió el 27 de diciembre de 1986 y fue enterrada en el cementerio de Torrelodones (Madrid).
La vida de Amanda Junquera es, sin lugar a dudas, un testimonio de las estrategias de resistencia y supervivencia que tantas mujeres del siglo XX se vieron obligadas a adoptar.
El uso del seudónimo, el pudor literario, el permanecer en un segundo plano siendo la mujer de, el vivir un amor alejado de las opresivas normas sociales… Todo ello forma parte de una historia marcada por el silencio y la invisibilización.
Pero también es la historia de una mujer que, a pesar de todo, escribió, tradujo, amó y dejó huella. Que encontró formas de existir en un mundo que le negaba el derecho a ser plenamente ella misma.
Amanda Junquera representa a tantas otras mujeres cuya obra y vida han sido relegadas a un segundo plano, pero cuya dignidad y talento siguen hablando con fuerza desde los márgenes.
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