Ya casi lo hemos olvidado, pero hace no mucho sufrimos una pandemia que hizo que los besos y los abrazos estuvieran prácticamente «prohibidos». Afortunadamente, aquellos tiempos han pasado y ahora podemos demostrarnos el afecto besándonos.
Y qué mejor ocasión que el Día Internacional del Beso para hacerlo. Pero también podemos celebrarlo leyendo siete poemas sobre el beso de poetas como Gloria Fuertes, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Delmira Agustini, Ángela Figuera Aymerich, Griselda Álvarez Ponce de León y Juana de Ibarbourou.
Y es que pocos gestos hay tan universales como el beso, presente en casi todas las culturas. Quizás esta sea una de las razones por las que este acto es una constante en todas las manifestaciones artísticas y, como no podía ser de otra manera, también en la literatura.
Sin embargo, a pesar de que el beso es una constante en la literatura, no ha sido nada fácil encontrar poemas escritos por mujeres en los que el beso sea el tema central, especialmente cuando se trata de forma explícita o cuando nos alejamos de las autoras contemporáneas.
Os animo a hacer una prueba: buscad poemas sobre este tema y veréis que, sorprendentemente, parece que de besos solo escribían los hombres.
Puede que se trate solo de una impresión y, como es lógico, habría que profundizar más en el tema. Sin embargo, me atrevo a aventurar que esto no es solo una intuición. No resulta descabellado si tenemos en cuenta las condiciones históricas y culturales que, durante siglos, han limitado la expresión de las mujeres.
Sabemos que a las mujeres siempre se nos ha exigido discreción y pureza, lo que hacía complicado tratar de forma explícita el deseo o la intimidad, incluyendo algo tan aparentemente natural como un beso. A esto hay que sumarle un factor muy importante, el canon literario tradicional siempre ha privilegiado las voces masculinas, invisibilizando parte de la producción femenina.
Precisamente por esto, esta selección de poemas tiene un valor especial.
Quien hizo dulce el beso, de Gloria Fuertes
Quien hizo dulce el beso
«y suave la caricia»,
quien enseñó al arroyo
a recitar
el poema que entra
hacia el alma con prisa,
el que dio luz al día
me ha enseñado a esperar.
La caricia perdida, de Alfonsina Storni
Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos… En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará… rodará…
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.
Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?
Besos, de Gabriela Mistral
Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.
Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Tu boca, de Delmira Agustini
Yo hacía una divina labor, sobre la roca
Creciente del Orgullo. De la vida lejana,
Algún pétalo vívido me voló en la mañana,
Algún beso en la noche. Tenaz como una loca,
Seguía mi divina labor de roca.
Cuando tu voz que funde como sacra campana
En la nota celeste la vibración humana,
Tendió su lazo de oro al borde de tu boca;
¡Maravilloso nido del vértigo, tu boca!
Dos pétalos de rosa abrochando un abismo.
Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana;
¡Tela donde mi espíritu se fue tramando él mismo!
Tú quedas en la testa soberbia de la roca,
Y yo caigo, sin fin, en el sangriento abismo!
Un beso goloso, de Ángela Figuera Aymerich
Qué dulces las uvas dulces!
¡Qué verdes tus ojos claros!...
Tú me mirabas, mirabas;
yo comía, grano a grano...
Y de pronto te inclinaste,
y me tomaste en los labios,
húmedos de zumo y risas,
un beso goloso y largo.
Boca, de Griselda Álvarez Ponce de León
En donde la sonrisa es un suceso,
agresor el contorno de castigo,
el labio al rastrear, como enemigo,
la mordida ritual y nido el beso,
en donde tiembla el corazón opreso
porque al salirse quiere estar conmigo,
de otra finalidad su fin desligo:
forjada solamente para el beso.
Y sube el beso a tientas escalones
de miedo entre las vértebras oscuras
y se llena de eléctricas razones
al llegar de tu boca a las alturas.
¡De par en par se abran los pulmones
por alargar la dicha que inauguras!
La sed, de Juana de Ibarbourou
Tu beso fue en mis labios
de un dulzor refrescante.
Sensación de agua viva y moras negras
me dio tu boca amante.
Cansada me acosté sobre los pastos
con tu brazo tendido, por apoyo.
Y me cayó tu beso entre los labios,
como un fruto maduro de la selva
o un lavado guijarro del arroyo.
Tengo sed otra vez, amado mío.
¡Dame tu beso fresco tal como una
piedrezuela del río!
¿Conocías estos poemas? Te animo a a seguir buscando, leyendo y compartiendo versos sobre el beso escritos por mujeres.
Y ahora sí, me despido como corresponde en un día como este, con un par de besos 💋💋.



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