Niña prodigio, icono de la cultura mexicana, pionera del feminismo, «Décima musa», «el Fénix de América», ¿sabes de quién estamos hablando? Nada más y nada menos que de una de las voces más importantes de la literatura barroca: Sor Juana Inés de la Cruz.
Esta mexicana curiosa y determinada es una de las mejores poetas de las letras hispanas, pero es que además tuvo una vida fascinante marcada por una fuerte vocación intelectual y literaria en un momento en el que el conocimiento estaba vetado a las mujeres.
¿Sabes que se metió a monja para poder seguir escribiendo? ¿O que fue una niña prodigio?
A continuación, os contamos 10 curiosidades de sor Juana Inés de la Cruz
1. Fue una niña prodigio
Desde bien pequeña, Juana Inés demostró una inteligencia fuera de lo normal. Aprendió a leer y a escribir a los tres años y, entre los seis y ocho años (no se sabe la edad exacta), escribió su primera obra literaria, Loa al santísimo Sacramento. Lo curioso no es solo su precocidad, sino que la escribió en español y en náhuatl.
Su vocación intelectual fue tan temprana como intensa. Con solo ocho años, le rogó a su madre que la dejara ir a la universidad vestida de hombre. La madre, como era de esperar, se negó. Imagínate ser mujer e intentar estudiar en el México del siglo XVII, y encima con esa edad…
Pero si algo era Juana Inés, era tenaz. Lejos de rendirse, encontró en la lectura y en el estudio autodidacta su forma de resistencia. Y la amplia biblioteca de su abuelo, un hombre culto y amante de los libros, se convirtió en su refugio y en el espacio donde comenzó a forjarse una de las mentes más brillantes de la literatura en lengua española.
2. De pequeña se negaba a comer queso
Sabemos poco de la infancia de Sor Juana y lo que se conoce es gracias a escritos que ella misma nos dejó.
En uno de estos escritos nos cuenta que no comía queso porque alguien le dijo que «entontencía». Este gesto aparentemente trivial lo que demuestra es la determinación de una niña y las ansias de conocimiento, de saber y aprender.
Además de la anécdota del queso, hay otro dato que nos muestra el fuerte carácter de la joven y es que cuando no lograba aprenderse una lección, se cortaba un mechón de pelo. Ella misma lo cuenta:
«No me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias».

3. Sor Juana era políglota
Pues sí, hablaba varios idiomas además del español; sabía portugués, náhuatl y latín.
El náhuatl lo aprendió de pequeña en la hacienda familiar de Panoaya, que era como una especie de microciudad. Allí, en contacto directo con las personas que trabajaban en la hacienda, adquirió de forma natural esta lengua indígena.
El latín, en cambio, lo aprendió con tan solo veinte lecciones que le dio un joven profesor, el bachiller Martín de Olivas. Este fue su único maestro y ella lo recordará siempre con profundo respeto. Años más tarde, en 1700, Olivas compuso un poema en honor a su discípula tras su fallecimiento, ya que estaba muy orgulloso de haber sido el maestro de Juana Inés.
4. Sor Juana en los billetes mexicanos
La figura de Sor Juana Inés de la Cruz ha trascendido la literatura para convertirse en un símbolo cultural presente incluso en el dinero mexicano.
Su primera aparición fue en 1978 en un billete de 1,000 pesos, que hoy tiene un valor considerable para los coleccionistas.

Posteriormente, entre 1988 y 1992, apareció en una moneda también de 1 000 pesos. En 2008 volvió a los billetes con el popular de 200 pesos, y más recientemente, en 2020, se lanzó el billete de 100 con su imagen.

Muchos de estos billetes y monedas son piezas muy buscadas y valoradas en el mercado de coleccionismo. Su permanencia en la iconografía monetaria no solo refleja su importancia histórica, sino también el reconocimiento de su legado intelectual, que sigue vivo en la memoria colectiva.
5. Vida religiosa para huir del matrimonio
Se cuestionaba el matrimonio y el destino de las mujeres sometidas a sus maridos, la vida de casada limitaba sus ansias de conocimiento. Así que la única alternativa «decente» para no renunciar a su libertad intelectual era meterse a monja. En aquella época, la vida religiosa se presentaba como la única alternativa socialmente aceptable para una mujer que deseaba pensar, leer y estudiar.
Digamos que tomó los hábitos para ser dueña de su vida y no tener que rendirle cuentas a un marido ni verse limitada por las cargas familiares. Paradójicamente, el convento era su única opción para ser libre.
El domingo 14 de agosto de 1667 ingresa en el convento de San José de las carmelitas y elige el nombre de Juana Inés de la Cruz. Pero el régimen de vida que seguían las religiosas de esta congregación era tan duro que solo pudo soportarlo tres meses. El 18 de noviembre, sor Juana abandonó este convento.
Al poco tiempo, ingresaría en las jerónimas, una orden religiosa más tolerante y flexible en la que permanecería hasta el final de sus días.
6. La celda de sor Juana Inés
En su celda llegó a tener casi cuatro mil libros, además de instrumentos musicales, un telescopio y otros objetos científicos. La cifra también sirve para que nos hagamos una idea de las dimensiones que tendría su habitación.
Pero su celda no solo era un espacio de estudio, sino también de encuentro. Allí recibía a figuras destacadas de la intelectualidad de su tiempo, convirtiéndola en un pequeño salón literario dentro del convento.
Además, esta celda la compartía con su sirvienta. Aunque hoy nos parezca raro, era una práctica habitual que las novicias más pudientes tuvieran servicio. Al ingresar en el convento, la acompañaba una mulata, Juana de San José, que pagaba la madre de sor Juana. Y al final de su vida, compartió habitación con su sobrina Isabel María de San José.
7. Premio literario con su nombre
Desde 1993 se concede el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, un reconocimiento que celebra la excelencia de la escritura femenina en el mundo hispánico y que distingue a una autora por una novela publicada en lengua española.
El Premio Sor Juana fue concebido y bautizado por la escritora nicaragüense Milagros Palma. La idea de este premio surgió en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (1993) tras el IV Simposium Internacional de Crítica Literaria y Escritura de Mujeres de América Latina.
Desde entonces, el premio quedó integrado en la programación de esta prestigiosa feria y se ha otorgado de forma anual, con la única excepción del año 2000, cuando fue declarado desierto.
A lo largo de su historia, han sido reconocidas con este premio algunas de las voces más destacadas de la literatura en español, como Elena Garro (1996), Gioconda Belli (2008) o Almudena Grandes (2011), en otras muchas.
8. Clara Campoamor, autora de una biografía de sor Juana Inés de Cruz
Hay numerosas biografías de la poeta mexicana, porque la monja novohispana se ha convertido en una figura de creciente admiración y estudio.
Su primera biografía se publicó en 1700 y su autor fue el jesuita Diego Calleja. El religioso redactó el libro basándose en la correspondencia que mantuvo durante años con la monja.
Siglos después, la abogada y escritora española Clara Campoamor ofreció una de las primeras aproximaciones modernas a su figura. Se trata de una biografía breve y accesible, elaborada en las primeras décadas del siglo XX.
Aunque hoy encontramos estudios más exhaustivos y actualizados, esta obra es especialmente interesante porque no solo nos acerca a la poeta mexicana, sino que también nos permite comprender mejor a la propia Campoamor: su pensamiento, su sensibilidad y su eterno compromiso con la defensa de los derechos de las mujeres.

Sor Juana Inés de la Cruz
9. Día internacional del libro en México
Sor Juana falleció el 17 de abril de 1695 de tifus, mientras ayudaba a otras compañeras enfermas con la misma enfermedad. En 1979 fue decretado el 12 de noviembre como el Día Internacional del Libro en honor a la fecha de su nacimiento, al ser considerada la máxima exponente de la literatura mexicana.
10. Fue una escritora por encargo
Sor Juana Inés fue poeta de encargo, solo escribió una obra por deseo personal que fue Primero sueño. Un poema de mil versos en silvas a la manera de Góngora, poeta al que admiraba. Es un texto muy complejo en el que habla del impulso del conocimiento, y que en su momento no tuvo mucho éxito.
Aunque la poesía por encargo era algo habitual en la época, lo curioso es que lo hiciera una religiosa para ganar dinero y más llamativo aún si cabe que escribiera poesía amorosa, en algunas ocasiones casi erótica.
También te puede interesar
-
10 curiosidades de Carmen Conde
-
10 curiosidades de Carmen Laforet

Deja una respuesta