Érase una vez, en un barrio humilde de Madrid llamado Lavapiés, una niña que creía en la magia de las palabras. Se llamaba Gloria Fuertes y soñaba con un mundo sin guerras, donde los niños no tuvieran miedo ni hambre, y donde el amor fuera siempre más fuerte que el odio.
Cuando Gloria era todavía pequeña, estalló una cruel guerra en su país, la guerra civil española. Las bombas caían, los niños se escondían y las calles se llenaban de miedo y de silencio. Sin embargo, Gloria no quiso guardar rencor. En lugar de eso, decidió hacerse poeta y tomar el camino más difícil y más valiente, el de la palabra, que usaba como arma para la reconciliación.
Desde entonces, comenzó a escribir versos llenos de ternura y de humor, poemas que no hacían daño, sino que curaban las heridas. Sus palabras desarmaban porque nos hacían sonreir y reflexionar sobre lo absurdo de las guerras.
Pasaron los años y nuestra poeta se hizo mayor. Un día, emprendió un viaje muy largo hasta un reino poderoso y lejano llamado Estados Unidos, la joven poeta iba a enseñar en la universidad. Pero ese país estaba en guerra, la de Vietnam, y cuentan que Gloria animaba a sus alumnos a romper los papeles del reclutamiento, porque —decía ella— ninguna guerra merece una sola vida humana.
Gloria utilizó la pluma como arma, con ella hacía poemas que enseñaban que la bondad y el humor pueden ser más fuertes que las balas. Ridiculizó la guerra con ironía y ternura, y demostró que una sonrisa también puede cambiar el mundo. Por eso, muchos la recuerdan como una maestra de la paz, una poeta que enseñó a grandes y pequeños que leer, escribir y reír son formas de cambiar el mundo.
Y aunque los años han pasado, y la poeta Gloria Fuertes ya no está con nosotros, su voz sigue viva gracias a los tesoros que nos dejó en forma de poemas. En ellos nos enseña que se puede luchar sin balas y que no hay mejor arma que el humor y la ternura.
7 poemas pacifistas y un telegrama
Solo son tres letras
Solo tres letras, tres letras nada más, solo tres letras que para siempre aprenderás. Solo tres letras para escribir PAZ. La P, la A, y la Z, solo tres letras. Solo tres letras, tres letras nada más, para cantar PAZ, para hacer PAZ. La P de pueblo, la A de amar y la zeta de zafiro o de zagal. (De zafiro por un mundo azul, de zagal por un niño como tú.) No hace falta ser sabio, ni tener bayonetas, si tú te aprendes bien, solo estas tres letras, úsalas de mayor y habrá paz en la tierra.
Vendría la paz
Si todos los políticos
se hicieran poetas,
vendría la paz.
Si todos los políticos
se hicieran pacifistas,
vendría la paz.
Si todos los injustos
se hicieran el harakiri,
vendría la paz.
Pacifista de verdad
(una que quiere llegar)
No matemos al vecino
invitémoslo a tocino.
No levantad barricadas
besad a vuestras amadas.
No pensad en difuntos,
¡dormid juntos!
Los juguetes son para jugar a jugar
No para Jugar a Matar (de mentira) Las pistolas (ni de agua) El revólver (ni de broma) La escopeta (ni tocarla) Los juguetes para todo Y las armas para nada
Las bombas no tienen ojos

Las bombas no tienen ojos
Y caen en la guardería.
Los niños no tienen susto
Tienen muerte, mil heridas.
Las bombas no tienen ojos,
Caen infestando la vida.
Arenga
¡A las almas!
¡Alto!
He dicho a las almas
no a las armas.
Al enemigo hay que curarlo,
no eliminarlo.
Asesino asesinado no vale,
-sigue siendo enemigo-.
No sus cuerpos muertos,
nos interesan sus almas vivas.
¡A las almas!
No hay que vencerlos
ni convencerles,
hay que hacerlos amigos.
Y recordad que nosotros también para ellos
somos enemigos.
Deseamos:
Que no vuelva a haber otra guerra, pero si la hubiera, ¡Que todos los soldados se declaren en huelga!
Telegrama celestial a lugares conflictivos

NO DISPARAR DONDE HAYA NIÑOS. STOP.
EN LA GLORIA NO NECESITAMOS MÁS ÁNGELES.
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10 curiosidades de Gloria Fuertes
