María Moliner, la mujer que escribió un diccionario

La historia de María Moliner es la de una hazaña sin precedentes, la de una mujer que sola, en su casa, con un sencillo método de fichas escribe un diccionario que se convertiría en un referente para la lengua española.

María Moliner

Imagínate el mundo antes del ChatGPT, antes de Word o de Excell…Imagina trabajar o vivir sin esas aplicaciones que nos facilitan nuestro día a día… ¿Serías capaz de elaborar un diccionario completo solo con la ayuda de una máquina de escribir y unas fichas?

Pues aunque te parezca increíble, en el mundo de las letras en español hay una mujer que realizó esta hazaña. Esta es la historia de una bibliotecaria que, sola, en su casa, con un sencillo método de fichas, escribió un diccionario que se convertiría en un referente para la lengua española.

Esta mujer es María Moliner, bibliotecaria, archivera y filóloga, conocida por ser la autora del célebre Diccionario de uso del español, una obra monumental que hoy lleva su nombre.

Biografía de María Moliner

María Juana Moliner Ruiz nació un 30 de marzo de 1900 en Paniza (Zaragoza) y se crió en un ambiente culto e interesado por la educación. De hecho, cuando sus padres se trasladan a vivir a Madrid, los hermanos Moliner estudian en la Institución Libre de Enseñanza donde, al parecer, Américo Castro despertó la fascinación por la lingüística y la gramática en la pequeña María.

Pronto su situación familiar se complicó; su padre los abandona y se marcha a Argentina. La precaria situación económica en la que se quedan les obliga a regresar a Zaragoza. Por aquel entonces, María Moliner tenía unos 15 años y ayudaba a la economía familiar dando clases particulares de latín, matemáticas e historia. 

Entre 1918 y 1921, estudia Licenciatura de Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza (sección de Historia), estudios que finaliza con sobresaliente y Premio Extraordinario.

Es curioso que una figura como esta, que escribe uno de los diccionarios más importantes del español, no hubiera estudiado Filología. Pero la explicación es sencilla, en Zaragoza, que era donde residía María Moliner, no existía esa titulación universitaria. Aun así, ingresó en la Escuela de Filología de Aragón y participó en la elaboración de un diccionario del español aragonés.

Las Misiones Pedagógicas y las bibliotecas populares

En 1922, al acabar su formación universitaria, ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y su primer destino fue el Archivo de Simancas.

Durante los años de la II República, ya casada y con hijos, se muda a Valencia, donde ejerció como directora de la Biblioteca Universitaria de Valencia.

En esta época también colaboró con las Misiones Pedagógicas, donde impulsó las bibliotecas populares, su intención era conseguir que cada pueblo de España tuviera una pequeña biblioteca.

De estos años destaca su trabajo Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas, en el que pone de manifiesto su fe en la cultura como regeneradora social:

«La educación es la base del progreso; considero que leer es un derecho incluso espiritual y que, por tanto, cualquier ciudadano en cualquier lugar tiene que tener a mano el libro o los libros que deseara leer».

A ella también le debemos el que hasta hoy se considera el mejor plan bibliotecario de España, que destacaba por su peculiar forma de ordenación, basada en criterios temáticos y no puramente alfabéticos.

Después de la Guerra Civil, a María Moliner le pasaría factura su activismo y el haber colaborado con la República. De tener un puesto de responsabilidad como directora de la Biblioteca de la Universidad de Valencia, el régimen franquista la degradó dieciocho niveles en el escalafón profesional. Así que, a partir de 1946, se instala con su familia en Madrid, donde se incorpora a la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales.

Lo que María Moliner no sabía es que este mazazo profesional le permitiría tener más tiempo libre para trabajar en el que sería su gran proyecto: El Diccionario de uso del español de María Moliner.

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El Diccionario de uso del español

Un sencillo regalo de su hijo, el Learner’s Dictionary of Current English, que le compró durante un viaje a París en 1951, fue el detonante de aquella gran idea. Y como ella misma nos cuenta:

«Cogí un lápiz, una cartilla y empecé a esbozar un diccionario que yo proyectaba breve, unos seis meses de trabajo, y la cosa se ha convertido en 15 años».

A partir de ahí, la lexicógrafa se propuso crear «un instrumento para guiar en el uso del español tanto a los que lo tienen como idioma propio como a aquellos que lo aprenden». Tal empresa le ocupó 15 años hasta que fue publicado por la Editorial Gredos en dos volúmenes, el primero en 1966 y el segundo en 1967.

En palabras de Gabriel García Márquez, el diccionario de María Moliner fue «una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana».

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Y es que la palabra proeza se queda corta si pensamos que una mujer sola, sin tecnología de por medio, sin ayuda, valiéndose de un básico sistema de fichas escritas a lápiz y una Olivetti Pluma 22, elaborara una obra de tal magnitud, un diccionario con más de 80 000 entradas y 190 000 definiciones.

Resulta tan conmovedor como triste imaginarnos a esta mujer, trabajadora, madre cuidadora de su prole (además de cuidadora de su marido), escribiendo por las tardes en la mesa del comedor, la misma que tenía que recoger cada noche para devolverla a las rutinas familiares. Poco a poco, su casa se va llenando de cajas de zapatos repletas de fichas con definiciones, salvo un espacio intocable: el despacho de su marido, catedrático de la Universidad de Valencia. María, como otras muchas mujeres brillantes, carecía de una «habitación propia». 

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María Moliner trabajando en su casa. Foto: Heraldo de Aragón

Y en este detalle, aparentemente doméstico, se esconde toda una realidad histórica. Los espacios de creación, estudio y pensamiento dentro del hogar estaban reservados a los hombres, mientras que a las mujeres se las relegaba a rincones improvisados, siempre condicionados a las necesidades de los demás. 

Esa falta de un espacio propio no solo simboliza la desigualdad de género en el ámbito intelectual. También convierte la obra de María Moliner en un logro aún más extraordinario: levantar, en medio del ruido cotidiano y familiar, una de las obras más importantes de la lengua española.

De «uso»

Una de las peculiaridades del diccionario de María Moliner es que frente al resto de diccionarios que se clasifican como normativos (recogen «lo que se debe decir», la norma), los diccionarios de uso describen «lo que se dice», es decir, describen el uso que los hablantes hacen de la lengua.

Sin embargo, el María Moliner no era un mero diccionario de uso. No solo ofrecía el significado de cada palabra, añadía información sobre la relación con otras voces (sinónimos, campo semántico, las preposiciones que se usan con cada verbo, las voces que suelen aparecer juntas, ejemplos de uso, etc.). 

Priorizaba el orden temático sobre el alfabético (idea que ya avanzaba en su forma de ordenar las bibliotecas) e introducía un sistema de símbolos para facilitar la consulta.

El diccionario fue todo un desafío, no solo por lo innovador y por la magnitud de la obra, sino también porque María tuvo que esquivar a la siempre vigilante censura franquista. ¿Os imagináis la complejidad que suponía definir palabras como sexo, república, tiranía o rojo?

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María Moliner y la RAE, historia de una injusticia

En 1972, María Moliner fue candidata a ocupar un sillón de la Real Academia Española, pero como todas sabemos no se lo concedieron.

Con anterioridad, otras mujeres se quedaron a las puertas de ser académicas, escritoras como Gertrudis Gómez de Avellaneda o Emilia Pardo Bazán fueron rechazadas por la RAE.

Pero quizás el caso de María Moliner sea el más sangrante e injusto de todos, ¿no merecía entrar en esta institución una mujer que había creado ella sola uno de los diccionarios de referencia de las letras españolas? ¿No merecía ser académica la mujer que en 15 años había logrado hacer lo que esos hombres no habían conseguido en 200?

Así que el año siguiente, rechazó el Premio Lorenzo Nieto López «por sus trabajos en pro de la lengua» que la RAE quiso darle para compensarla. Tampoco quiso presentar una segunda candidatura a la Real Academia. Estas decisiones fueron gestos de dignidad, de firmeza, un simbólico: ¡Ahí os quedáis, «señoros»! 

Tendríamos que esperar al 9 de febrero de 1978 para que la escritora Carmen Conde se convirtiera en la primera mujer académica de número de la RAE.

Y hasta 2021, la RAE no intentó «reparar» el desagravio a María Moliner, reconociendo en un acto conmemorativo la injusticia que supuso no admitirla en la institución y el enorme mérito de su monumental obra. 

El exilio interior de María Moliner

Si queremos seguir ahondando en la figura de esta fascinante mujer, sin duda alguna tenemos que leer la biografía de Inmaculada de la Fuente: El exilio interior. La vida de María Moliner.

El título del libro alude al tipo de exilio al que tuvo que enfrentarse la lexicógrafa. Una mujer brillante intelectualmente que vio sesgada su carrera profesional por culpa del franquismo. Pero que, a pesar del ostracismo al que se la sometió, consiguió sacar adelante, en la intimidad de su casa, una de las obras cumbre de la cultura española del siglo pasado.

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Tapa blanda – 31 octubre 2018

Hasta que empieza a brillar de Andrés Neuman

La novela del escritor hispanoargentino utiliza como punto de partida el año 1972, el año en que fue rechazada por la RAE, y combina investigación y ficción en una narración que analiza su vida y su vínculo con el lenguaje.

La novela también asume la perspectiva de género, al denunciar la exclusión histórica que sufrió la autora, y aborda con especial dramatismo la paradoja de su pérdida progresiva del lenguaje en la vejez. 

El título, inspirado en la famosa cita de Emily Dickinson «A veces escribo una palabra y me quedo mirándola hasta que empieza a brillar», funciona como metáfora del modo en que Neuman concibe memoria y lenguaje. Pero nos atrevemos a pensar que puede leerse como homenaje a tantas mujeres que, como Moliner, terminan brillando aunque les lleve más de quince años.

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Tapa blanda – 27 febrero 2025

En definitiva, la historia de María Moliner es la historia de una mujer tenaz, apasionada de los libros y las palabras. Palabras a las que dedicó su vida hasta que falleció en 1981 por arterioesclerosis cerebral.

El único consuelo es que su diccionario no es uno más entre tantos; es conocido, simplemente, como el María Moliner. Ninguno de los académicos que votaron en su contra (Camilo José Cela, por ejemplo) ha dejado una obra de la talla, la utilidad y la proyección cultural que representa la suya. En ocasiones y de manera sutil, la justicia poética se abre camino. 

Y por cierto, ¿qué palabra crees que habría añadido Moliner a su diccionario hoy en día? Nosotras pensamos que «señoro».



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Patricia Hidalgo

Fundadora de Con Letra de Mujer, es filóloga, profesora de español para extranjeros, madrileña, feminista y apasionada de la literatura.

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