Lo llamaron Patronato de Protección a la Mujer, porque llamarlo «Patronato para Vigilar, Castigar y Torturar Mujeres» a lo mejor era un poco explícito.
Sus antecedentes se remontan a 1902 y originariamente se llamó Patronato Real para la Represión de la Trata de Blancas y dependía del Ministerio de Justicia. Su fundadora fue Cristina de Habsburgo-Lorena y lo creó con la sana intención de luchar contra la trata de personas, principalmente de mujeres, aunque con el tiempo fue adquiriendo también funciones relacionadas con el control moral y social de estas.
Con la proclamación de la Segunda República, el organismo fue reorganizado en 1931 y pasó a denominarse Patronato de Protección a la Mujer, esta vez con un carácter laico. En su junta participaron mujeres como María Lejárraga, Matilde Huici, Regina García, Victoriana Herrero y Clara Campoamor. Sin embargo, la falta de recursos económicos hizo imposible su continuidad y terminó desapareciendo en 1935, cuando sus competencias pasaron al Consejo Superior de Protección de Menores.
Pero la historia de esta singular institución no terminó ahí.
En 1941, la dictadura franquista recuperó el Patronato de Protección a la Mujer y lo convirtió en una institución muy distinta. Oficialmente, debía procurar la «dignificación moral» de las mujeres, especialmente de las jóvenes, apartarlas del «vicio» y educarlas de acuerdo con la moral católica. En la práctica, aquella peculiar forma de protección permitió al Estado intervenir en la vida privada y la sexualidad de miles de mujeres y recluir a jóvenes consideradas «caídas» o «en riesgo de caer».
Y protegerlas, las protegían muchísimo: de la libertad, de la intimidad, de decidir sobre sus vidas y, en la mayoría de los casos, hasta del derecho a no ser encerradas sin haber cometido delito alguno.
Los centros vinculados al Patronato, muchos de ellos gestionados por órdenes religiosas, funcionaron bajo estrictos regímenes disciplinarios. Los testimonios de las supervivientes y las investigaciones realizadas posteriormente han documentado aislamiento, censura de la correspondencia, adoctrinamiento religioso, trabajos no remunerados y castigos físicos y psicológicos. Prácticas que, en algunos casos, difícilmente pueden recibir otro nombre mas que el de tortura.
Lo más terrible es que no estamos hablando de una institución perdida en la noche de los tiempos. El Patronato sobrevivió a Franco, vivió la Transición y no desapareció hasta mediados de los años ochenta, ni más ni menos que hasta 1985. Mientras España sacaba pecho de una transición modélica y de un país democrático, miles de mujeres estaban olvidadas, prisioneras en esta institución.
Durante décadas, esta historia permaneció en el olvido, como tantas historias protagonizadas por mujeres. Afortunadamente, y sobre todo gracias a las propias supervivientes, hoy sabemos mucho más sobre lo que ocurrió detrás de aquellos muros.
Los libros que reunimos en esta entrada hacen precisamente eso: abrir expedientes, recuperar voces y llamar a las cosas por su nombre.
1. Las desterradas hijas de Eva, de Consuelo García del Cid Guerra
Si hay un nombre imprescindible para acercarse a la historia del Patronato de Protección a la Mujer es el de Consuelo García del Cid Guerra.
Y lo es por una razón fundamental: ella estuvo allí.
Superviviente de uno de sus reformatorios, García del Cid lleva años investigando y recuperando las historias de las mujeres que pasaron por estas instituciones.
Las desterradas hijas de Eva fue su primer libro dedicado al Patronato de Protección a la Mujer y una de las obras pioneras en sacar a la luz lo que ocurría en sus centros. Desde su propia experiencia y la de otras supervivientes, denuncia el miedo, las humillaciones, los trabajos forzados, la represión y la separación de madres e hijos que marcaron la vida de muchas de aquellas jóvenes.
El libro pone además el foco en una realidad especialmente incómoda: para muchas mujeres españolas, la democracia llegó tarde. Hubo que esperar demasiado tiempo para que sus historias comenzaran a salir del olvido. Las desterradas hijas de Eva contribuyó a romper ese silencio y a devolver la palabra a quienes durante décadas apenas habían podido contar lo que les ocurrió.

Las desterradas hijas de Eva
2. Inmaculada: La muerte que precipitó el final del Patronato, de Marta García Carbonell, Esther López Barceló y María Palau Galdón.
El 19 de septiembre de 1983, Inmaculada Valderrama tenía solo catorce años cuando murió tras precipitarse desde el tercer piso de un reformatorio de San Fernando de Henares vinculado al Patronato de Protección a la Mujer. Estaba bajo tutela del Estado, pero la investigación judicial se cerró rápidamente y su historia acabó cayendo en el olvido.
Décadas después, Marta García Carbonell, Esther López Barceló y María Palau Galdón recuperan su nombre y reconstruyen lo sucedido a través de archivos y testimonios. La historia de Inmaculada sirve, además, para adentrarse en el funcionamiento de una institución franquista que continuaba activa en plena democracia.
Y ahí está una de las partes más estremecedoras del libro: no estamos hablando de los años cuarenta o cincuenta, sino de 1983. Apenas dos años después de la muerte de Inmaculada, el Patronato desaparecía definitivamente.
Inmaculada recupera una historia que nunca debió quedar olvidada y vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuánto tardó realmente la democracia en llegar para aquellas jóvenes?

Inmaculada: La muerte que precipitó el final del Patronato
3. Redimir y adoctrinar: El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985) , de Carmen Guillén Lorente
Para comprender el Patronato desde una perspectiva histórica, Redimir y adoctrinar es una lectura fundamental.
Carmen Guillén Lorente analiza la institución como una pieza más del sistema de control moral y social del franquismo y profundiza en la colaboración entre Estado e Iglesia para vigilar y disciplinar a las mujeres.
Trabajo y oración para «redimir»; disciplina y castigo para adoctrinar. Tras un discurso de protección y caridad se escondía una realidad de encierros, trabajos forzados, abusos y graves vulneraciones de derechos.
El libro permite entender que el Patronato no fue una institución aislada, sino parte de un modelo que decidía cómo debía comportarse una mujer y qué podía ocurrirle si se alejaba de lo establecido. Porque detrás de aquella supuesta protección había un objetivo mucho más claro: controlarlas y moldearlas según el modelo de mujer impuesto por el régimen.

Redimir y adoctrinar: El Patronato de Protección a la Mujer
4. Paca Blanco, la Brava, de Paca Blanco
La historia del Patronato también puede reconstruirse a través de las vidas de las mujeres que pasaron por sus centros. La de Paca Blanco es una de ellas.
Su juventud estuvo marcada por el Patronato, pero su historia no terminó allí. Con los años, Paca se convirtió en una incansable activista política, feminista, social y ecologista, implicada en la lucha antinuclear, la defensa del territorio y la naturaleza, el derecho a una vivienda digna y numerosas reivindicaciones sociales.
Paca Blanco, la Brava, recorre una vida marcada por la represión, pero sobre todo por la resistencia y el compromiso colectivo. Permite mirar más allá del internamiento y descubrir qué ocurrió después con una de aquellas jóvenes y cómo convirtió la rebeldía que quisieron castigar en una forma de vida.

Paca Blanco, la Brava
5. Las insurrectas del Patronato de Protección a la Mujer, de Consuelo García del Cid Guerra
Consuelo García del Cid vuelve a aparecer en esta selección porque su trabajo de recuperación de la memoria del Patronato no se limita a un solo libro.
En Las insurrectas del Patronato de Protección a la Mujer (A la sombra de un león) recupera la historia de miles de niñas y jóvenes que sufrieron en silencio la represión de la institución, una realidad que, como sabemos, ella misma conoció como interna.
A través del testimonio, la memoria y la investigación, García del Cid devuelve la voz a mujeres que fueron encerradas por apartarse del modelo femenino impuesto por el nacionalcatolicismo. También reflexiona sobre la pervivencia de aquellas formas de control más allá de la dictadura y sostiene que, aunque hayan cambiado las formas, algunos de sus mecanismos continúan presentes.
Las llamaron rebeldes porque se negaron a obedecer.

Las insurrectas del Patronato de Protección a la Mujer
6. Patronato de Protección a la Mujer: origen y pervivencia, de Consuelo García del Cid Guerra
Este libro amplía el foco y reconstruye la historia de la institución desde sus antecedentes en 1902 hasta su desaparición en 1985. De nuevo, Consuelo García del Cid combina su experiencia personal con una extensa investigación documental y los testimonios de otras mujeres que pasaron por sus centros.
La autora se adentra en los mecanismos de control y castigo ejercidos sobre niñas y jóvenes y en el papel desempeñado por el Estado y la Iglesia. También aborda el miedo y el estigma que mantuvieron a muchas supervivientes en silencio durante décadas.
Pero García del Cid no se queda en el pasado. Analiza la pervivencia de determinadas estructuras y mecanismos de control después de la desaparición del Patronato y plantea hasta qué punto algunas de aquellas prácticas pudieron sobrevivir bajo otras formas. Un libro de denuncia que reclama verdad, justicia y reparación para las supervivientes.

Patronato de Protección a la Mujer: origen y pervivencia
7. La niña del rincón, de Consuelo García del Cid Guerra
Después de abordar la institución desde la investigación y la memoria colectiva, aquí la mirada se vuelve mucho más íntima. En La niña del rincón, Consuelo García del Cid se enfrenta directamente a su propia historia y a las heridas que dejó su paso por el Patronato.
Durante más de siete años mantuvo el libro oculto. Contar lo ocurrido significaba regresar al encierro, pero también enfrentarse a la vergüenza y al silencio que había arrastrado durante años. La autora se desnuda emocionalmente para contar aquello que durante mucho tiempo no se sintió capaz de hacer público.
El resultado es un testimonio que permite entender algo que difícilmente aparece en los expedientes: qué queda en una mujer después de haber sido encerrada, señalada y sometida cuando todavía era una adolescente.

La niña del rincón
8. La oveja negra y su bastarda: Del silencio del Patronato de Protección a la Mujer al grito sin miedo de la verdad, de Yolanda Morales Pereira
Pero ¿qué ocurre cuando las consecuencias de la represión no terminan en la mujer que la sufrió?
En La oveja negra y su bastarda, Yolanda Morales Pereira parte de la historia de su madre, víctima del Patronato de Protección a la Mujer, para contar también la de una hija que crece entre silencios, miedos y heridas que no son suyas, pero que terminan formando parte de su propia vida.
El libro trata así otra dimensión de esta historia: el trauma que pasa de una generación a otra. Memoria familiar, feminismo y testimonio se entrelazan para mostrar cómo la represión puede seguir dejando huella mucho después de que desaparezcan las instituciones que la ejercieron.

La oveja negra y su bastarda
9. Mujer, Moral y franquismo: Del velo al bikini, de Lucía Prieto Borrego
En Mujer, moral y franquismo: Del velo al bikini, Lucía Prieto Borrego vuelve a ampliar la perspectiva y sitúa al Patronato dentro del sistema de control social y moral impuesto sobre las mujeres durante el franquismo.
A partir del estudio de su actuación en Málaga entre 1941 y 1971, la autora muestra cómo una institución que oficialmente debía combatir la prostitución y las enfermedades venéreas terminó interviniendo también sobre jóvenes cuya conducta simplemente se alejaba de la moral católica. No era necesario ejercer la prostitución para quedar bajo su vigilancia; bastaba con transgredir las normas de comportamiento establecidas para las mujeres.
El libro permite entender que el Patronato formaba parte de un proyecto mucho más amplio destinado a controlar la sexualidad, el cuerpo y la vida de las mujeres.

La revolución española vista por una republicana
10. Indignas hijas de su Patria, de Marta García Carbonell y Maria Palau Galdón
Cerramos esta selección con Indignas hijas de su Patria, donde Marta García Carbonell y María Palau Galdón reconstruyen la historia del Patronato y muestran cómo una institución creada oficialmente para la «dignificación moral» terminó convirtiéndose en un sistema de vigilancia, control y castigo sobre las mujeres.
Bajo ideales de decencia, recato y castidad, miles de niñas y jóvenes fueron encerradas en reformatorios, muchos gestionados por órdenes religiosas, por haberse apartado —o simplemente porque se consideraba que podían apartarse— del modelo femenino impuesto. El control alcanzaba su conducta, su sexualidad y, sobre todo, sus propios cuerpos.
El libro nos devuelve además al punto con el que comenzábamos esta entrada: el Patronato sobrevivió a Franco y continuó funcionando hasta 1985. Una fecha demasiado cercana como para seguir tratando esta historia como si perteneciera a un pasado remoto.

Indignas hijas de su Patria: Crónicas del Patronato de Protección a la Mujer en el País Valencià
Como habéis podido comprobar, estos libros cuentan el Patronato desde perspectivas muy diferentes: la investigación histórica, los archivos, el testimonio de las supervivientes, la autobiografía y la memoria transmitida entre generaciones. Juntos permiten reconstruir no solo el funcionamiento de la institución, sino también las consecuencias que dejó en las mujeres que pasaron por ella.
Porque detrás de cada expediente había una mujer o incluso una niña con su propia historia. Algunas tardaron décadas en poder contarla; otras murieron sin hacerlo. Pero afortunadamente, muchas supervivientes se empeñaron en romper el silencio y sacar a la luz una historia que durante más de cuatro décadas permaneció escondida.
Por eso hay que leerlas. Para saber lo que ocurrió y para no romantizar un pasado todavía cercano, en el que determinados discursos tuvieron consecuencias muy graves sobre la libertad y la vida de miles de mujeres.
Conocer esta historia no significa quedarse ancladas en el pasado, sino entenderlo y recordar hasta dónde puede conducir la pérdida de derechos, el control sobre las mujeres y la imposición de una determinada moral.
Y, sobre todo, estar alerta para que no vuelva a ocurrir.
Porque para no repetir la historia, primero hay que conocerla.

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