¿Poeta o poetisa?

¿Poeta o poetisa? Usar uno u otro término no es solo una elección lingüística; es también una cuestión de lenguaje y poder.

poeta o poetisa

¿Poeta o poetisa?

¿Cómo llamas a las mujeres que escriben poemas, poetas o poetisas?

Detrás de esta pregunta, aparentemente inocente, hay una realidad y es que nos guste o no, en la lengua como en la historia nada es arbitrario. Las palabras no solo nombran la realidad, la construyen, la jerarquizan y muchas veces, la limitan.

Por eso, elegir entre poeta y poetisa no es una cuestión menor ni estrictamente gramatical; detrás de esta elección hay implicaciones sociales, culturales e ideológicas.

¿Pero qué forma es la correcta?

Si alguna vez te has planteado esta duda, probablemente hayas acudido al diccionario de la Real Academia Española y habrás podido comprobar que, en principio, ambas formas son válidas.

De hecho, la vigesimotercera edición del diccionario académico nos dice que:

  • Poeta es un sustantivo común en cuanto al género (puede usarse en masculino y femenino).
  • Poetisa es una forma específica femenina.
poeta o poetisa

Por otra parte, la Gramática de la lengua española nos dice que:

  • El uso de poeta como un sustantivo común en cuanto al género se ha generalizado.
  • Poetisa va cayendo en desuso debido a ciertas connotaciones negativas.

Así que ambas formas son correctas desde el punto de vista normativo. Pero que algo sea correcto no significa que sea neutral. Y es aquí donde empieza el debate.

El origen de la palabra poeta

La palabra poeta viene del latín poēta y, a su vez, del griego ποιητής (poietés), que significa literalmente «creador», «hacedor». En su origen, el término no tenía marca de género; designaba a quien creaba, sin distinción.

Pero la historia de la lengua (como la historia de la cultura en general) ha estado marcada por el patriarcado. Y esto ha dejado huella.

Aunque poetisa aparece documentado en castellano desde 1508, su uso ha estado cargado durante siglos de connotaciones que hoy en día son cuestionables. En muchos casos, era una forma de marcar la diferencia y de rebajar la valía de las autoras. Como si los poetas fueran de primera o segunda división dependiendo de si eran hombres o mujeres.

Poetisa: entre lo femenino y lo menor

Y es que durante mucho tiempo, poetisa no solo nombraba a una mujer que escribía poesía, el término sugería algo más:

  • Una escritura sentimental, íntima, menor.
  • Una actividad más cercana a la afición que al oficio.
  • Una voz secundaria dentro del canon literario.

Ya lingüistas como Manuel Seco en su Diccionario de dudas de la lengua española reconocían estos «matices»:

«Se le supone evocador de la cursilería de muchas cultivadoras de la poesía; y cuando se quiere designar, ensalzándola, a una de éstas, se la llama con el nombre masculino, poeta».

Y si una mujer destacaba en la poesía, ¿dejaba de ser poetisa para convertirse en poeta?

Nombrarse también es resistir

Por eso, muchas escritoras han rechazado, y siguen rechazando, la palabra poetisa. No por capricho, no por moda, sino por conciencia.

Usar poeta es una forma de:

  • Reivindicar la igualdad en el lenguaje.
  • Romper con etiquetas históricamente peyorativas.
  • Recuperar la universalidad del acto creativo.

Pero, como en todo, no hay unanimidad de criterios. De hecho, dentro del feminismo encontramos dos tendencias:

  • Quienes prefieren poeta, para evitar connotaciones históricas negativas.
  • Quienes reivindican poetisa, como forma de reapropiación de una palabra históricamente devaluada.

Ambas posiciones parten de una misma base: la conciencia crítica sobre el lenguaje.

Poeta, más allá de la palabra

Al final, la cuestión no es imponer una forma. Cada persona puede definirse como quiera. Pero tampoco podemos ignorar que las palabras tienen historia e ideología y que estas dejan huella en la lengua.

De hecho, resulta paradójico que los grandes autores del pasado utilizaran poeta para hombres y mujeres sin problema. Antonio de Nebrija, Miguel de Cervantes o Lope de Vega empleaban el término de forma común, sin necesidad de marcar género.

Así que lo que hoy parece una innovación feminista es, en realidad, una recuperación histórica.

Ahora bien, elegir poeta no es solo una preferencia lingüística. Para muchas mujeres implica rechazar una etiqueta que durante siglos ha servido para minimizar su voz poética. Es una manera de plantarle cara al canon, a la historia literaria y a escritores como Clarín (que, como sabemos, no se caracterizaba precisamente por su feminismo), que afirmaban que:

«La poetisa fea, cuando no llega a poeta, no suele ser más que una fea que se hace el amor en verso a sí misma».

El lenguaje también es poder

Por eso, decir poeta en lugar de poetisa no implica borrar lo femenino, sino cuestionar un término que históricamente ha contribuido a devaluarlo. Porque, en el fondo, no se trata solo de cómo nos nombran, sino de quién tiene el poder de nombrar.

Como expresó con claridad la inigualable Gloria Fuertes:

«Hago versos, señores, hago versos,
pero no me gusta que me llamen poetisa».

Su postura no es una excepción, sino parte de una tradición de mujeres que han cuestionado la manera en la que el lenguaje las nombra y, demasiadas veces, las encierra.


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Patricia Hidalgo

Fundadora de Con Letra de Mujer, es filóloga, profesora de español para extranjeros, madrileña, feminista y apasionada de la literatura.

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