Poemas sobre el invierno

Poemas sobre el invierno de grandes escritoras en español, siete miradas diferentes que convierten el frío en experiencia poética.

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El invierno ha sido un motivo recurrente en la poesía. Parece que el frío invita a leer y los paisajes invernales inspiran a los poetas.

Nosotras vamos a celebrar esta estación con 7 poemas sobre el invierno de autoras fundamentales como Gloria Fuertes, Gioconda Belli, Alejandra Pizarnik, Susana March, Almudena Guzmán y María Ángeles Maeso, cuyas voces atraviesan distintas épocas y geografías.

Lejos de la típica postal estacional, estos poemas convierten el invierno en experiencia y memoria.

7 poemas sobre el invierno de escritoras en lengua española

Sierra, de Alfonsina Storni

Una mano invisible
acaricia calladamente
la pulpa triste
de los mundos rodantes.

Alguien, a quien no comprendo,
me macera el corazón
de dulzura.

En la nieve de agosto
se abre el sol
—rompedora temprana—
la flor del duraznero.

Tendida en el filo ocre
de la sierra,
una helada
mujer de granito
aúlla al viento
el dolor de su seno desierto:

Mariposas
de luna
liban
de noche
sus pechos
helados.

Y en mis párpados,
una lágrima más antigua
que mi cuerpo,
crece.

Invierno, de Gloria Fuertes

Con montones de nieve hice el contorno de tus letras,
edifiqué tu nombre en la altura;
luego salió el sol
y deshizo tu nombre convirtiéndolo en agua.
Acabo de beber tu nombre en el único charco.
Tu nombre me persigue
inquilino en mi sombra;
desapareceré,
y él estará a mi lado.

Peligros del invierno, de Gioconda Belli

Este invierno se está llevando todo lo que fuimos.

Cada día despierto
arrebujándome contra tu espalda,
tocándote
para saber que no te has ido con el agua
sonrío y me pregunto si mañana si pronto
si algún día de estos
el llanto sucederá a la lluvia
y el invierno también se meterá en la casa
y no habrá mueble estante cortinera
donde no lave el agua los colores
y nos mojemos todos entre chocorrones y despedidas.

Por eso en las mañanas
bebo la luz en mis pulmones
abro todas las puertas,
pinto amarillas las risas de la casa
doy vuelta tenaz a los girasoles
me prendo el sol en medio de los pechos
y salgo a tocarte a escribirte
a decir que no, que no hay cauce que se lleve mi amor
ni aguacero ni ciclón ni viento lacerante
que arranque tu nombre de esta piel
miel de tus días largos.


Cuento de invierno, de Alejandra Pizarnik

La luz del viento entre los pinos ¿comprendo estos signos de tristeza incandescente?

Un ahorcado se balancea en el árbol marcado con la cruz lila.

Hasta que logró deslizarse fuera de mi sueño y entrar a mi cuarto, por la ventana, en complicidad con el viento de la medianoche.

Diciembre, de Susana March

Si un día rompo a cantar,
todo cantará conmigo.

Esta mudez de los campos
se rasgará con mi grito.

Las nubes vagan sin prisa
desnudándome el camino.

¡Qué desolado horizonte
en este mes de los fríos!

Hay un revuelo de escarcha
sobre los jóvenes pinos.

Diciembre levanta un cáliz
de pájaros en exilio.

Yo dormida, voy soñando
dulces lares encendidos…

Carolina, de Almudena Guzmán

Rubén era poeta
y ya se sabe cómo son los poetas,
pero yo nunca he tenido un abrigo
de marta cibelina
ni un solo biombo del Japón.

Mi gato no es de angora,
es callejero,
y para qué quiero una chimenea
si en casa hay calefacción central.

Queda la puntualización más importante:
no nevaba en París,
llovía en Roma.
Pero besarme sí que me besó.

Todo invierno incuba la palabra halda…, de María Ángeles Maeso

Todo invierno incuba la palabra halda
en su red de niebla. Pero madre está asustada.
Atardeceres, semanas, soles de vuelta entera
que está asustada.
A Ifigenia le duró apenas unas horas,
pero no a quien le ponen tan alto tabernáculo.

No se trata de zurcir un pantalón
ni de hacer una colada,
no es un trámite cualquiera,
no se hace poniendo la cabeza en otro sitio.
En ningún sitio. En qué hectárea de soledad
hay formas que mantener.
Esto no se atraviesa y a otra cosa. No hay más.
O sí. Tanto que decir.

Como tiras de cortinas muevo sus labios
y me asomo a su mirar. Los tábanos
son una bendición
comparados con sus pensamientos.

(Fui persona y lo recuerdo).

Una alegría las avispas
al lado de todo lo que puja y puja por salir.

(Fui persona y lo recuerdo. Fui mujer).

Los tábanos. Zumba que te zumba
consiguen hacer un agujero entre los surcos
y algo despunta en briznas,
algo enredado da la cara y silabea.

(Fui persona y lo recuerdo.
Fui mujer y labradora.
Algo de aquello
Que por los ojos de las mulas
aún se ve).

Habrás comprobado que los poemas reunidos en esta entrada trazan una cartografía del invierno desde voces femeninas diversas, alejadas de la típica postal estacional y, sobre todo, próximas a la experiencia vivida.

Y si te apetece, comparte en los comentarios qué imagen o verso te acompaña y te abriga en los fríos días de invierno.

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Patricia Hidalgo

Fundadora de Con Letra de Mujer, es filóloga, profesora de español para extranjeros, madrileña, feminista y apasionada de la literatura.

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