Jurista, novelista y ensayista, Mercedes Formica fue una de las primeras abogadas en ejercicio en Madrid y una pionera en la denuncia de la discriminación legal de las mujeres.
Su trayectoria estuvo marcada por una posición incómoda, vinculada en su juventud a la Falange, pero decidida a acabar con las estructuras patriarcales del franquismo.
Biografía
Mercedes Formica fue una abogada y ensayista española que se abrió camino en pleno franquismo, convirtiendo su experiencia personal y profesional en una batalla por mejorar la situación jurídica de las mujeres. Nacida en el seno de una familia acomodada, su infancia transcurrió entre Cádiz, Córdoba y Sevilla.
El conflictivo matrimonio de sus padres marcó su visión del mundo. Mercedes vio cómo su madre, atrapada en una posición de total indefensión legal (como todas las mujeres de la época), decidió que sus hijas tendrían estudios y una profesión para no depender del marido. De ahí que Mercedes cursara el bachillerato y se preparara para acceder a la universidad.
Formación y primeros pasos universitarios
En 1932 ingresó en la Facultad de Derecho de Sevilla, donde era la única alumna de la carrera. Allí entró en contacto con profesores vinculados a la Institución Libre de Enseñanza y con estudiantes de diversas procedencias e ideologías, lo que amplió su horizonte intelectual.
Poco después, la separación de sus padres y el traslado a Madrid trajeron dificultades económicas, parcialmente mitigadas gracias a sus excelentes notas y a becas que le permitieron continuar sus estudios.
En la capital se afilió a la recién fundada Falange y asumió cargos de responsabilidad en el Sindicato Español Universitario (SEU). En 1936 fue designada delegada nacional del SEU femenino e integrada en la Junta Política del partido.
La Guerra Civil y su huella personal y literaria
El estallido de la Guerra Civil la sorprendió en Málaga. Vivió en primera persona la violencia y el miedo, experiencias que transformaría más tarde en literatura, especialmente en la novela Monte de Sancha.

Monte de Sancha
Tapa blanda – 3 junio 2024
Durante la guerra y la posguerra colaboró con la Sección Femenina y empezó a moverse y se movió en círculos donde coincidían escritores, artistas e intelectuales de la época. En 1937 se casó con el escritor y crítico de arte Eduardo Llosent, y tras la contienda se instalaron en Madrid.
Carrera jurídica y primeros obstáculos legales
En los años cuarenta inició su carrera literaria con novelas rosas firmadas bajo seudónimo, para luego publicarlas con el título de Bodoque. Al mismo tiempo, retomó su carrera universitaria, interrumpida por la guerra, y se licenció finalmente en Derecho en 1948.
Formica aspiraba a opositar a cuerpos de élite del Estado, como la carrera diplomática, la Abogacía del Estado o notarías, pero se topó con un requisito insalvable: todas esas oposiciones exigían literalmente «ser varón». Esta imposibilidad legal, unida a la experiencia de su madre, reforzó su conciencia de que la legislación española trataba a las mujeres como eternas menores de edad. Así que, ante la imposibilidad de opositar, decidió ejercer libremente como abogada y se colegió en Madrid, convirtiéndose en una de las poquísimas mujeres que ejercían la abogacía en la capital.
Activismo desde dentro del régimen
Simultáneamente, siguió vinculada a proyectos culturales y políticos del régimen franquista. Dirigió el semanario Medina de la Sección Femenina y colaboró con diversas revistas. En el Instituto de Estudios Políticos participó en iniciativas para facilitar el acceso femenino a puestos de responsabilidad.
En 1950 publicó en la Revista de Estudios Políticos un estudio sobre El segundo sexo de Simone de Beauvoir, donde defendía la independencia económica de las mujeres y denunciaba su subordinación profesional.
En 1951 redactó una ponencia para el I Congreso Femenino Hispanoamericano Filipino sobre La mujer en las profesiones liberales, propuesta que fue retirada por considerarse demasiado «feminista».
El domicilio conyugal: el artículo que cambió la ley
El momento clave de su trayectoria llegó con el artículo El domicilio conyugal, publicado en ABC el 7 de noviembre de 1953. Partiendo del caso real de una mujer apuñalada por su marido y sin opciones legales para separarse, ya que de hacerlo, perdía la custodia de los hijos, el domicilio y quedaba en un completo desamparo, Formica denunció la brutal asimetría del derecho civil español:
- La casa conyugal era «la casa del marido».
- La mujer separada debía abandonar el hogar.
- La mujer quedaba «depositada» bajo tutela ajena.
El artículo generó un enorme debate entre juristas y lectores, y convirtió a Formica en un referente incómodo sobre la capacidad jurídica de la mujer casada. Su denuncia traspasó fronteras, apareciendo en medios internacionales como The New York Times, Time o The Daily Telegraph. Incluso llegó a exponer sus argumentos ante el dictador Francisco Franco y, finalmente, acabó consiguiendo cierto apoyo judicial.
La «reformica» (1958)
Cinco años más tarde llegó la reforma del Código Civil (1958), conocida popularmente como «la reformica»; este nombre jugaba con el apellido de Mercedes y con la modestia de los cambios. Estos cambios, aunque mínimos, fueron un hito porque:
- Se sustituyó el concepto de «casa del marido» por el de «vivienda común del matrimonio».
- Se suprimió la figura degradante del «depósito de la mujer».
- Las viudas que se casaban de nuevo conservaban la patria potestad de sus hijos.
- Se limitaron —aunque levemente— los poderes del marido sobre los bienes.
Estos pequeños cambios abrieron la puerta a transformaciones más profundas que llegarían en los años setenta, con la lucha de juristas como María Telo.
Producción literaria y divulgación jurídica
Pero Formica no se limitó al Derecho. En el terreno literario cultivó la novela y la biografía histórica, con especial atención a mujeres silenciadas por la historiografía. Su obra La hija de Don Juan de Austria, fruto de largas horas de investigación en archivos, le valió en 1975 el Premio Fastenrath de la Real Academia Española.
Escribió también novelas como A instancia de parte, Collar de ámbar o La ciudad partida, donde aparecen con frecuencia conflictos de pareja, desigualdades legales y dobles raseros morales.
Desde finales de los años sesenta dirigió la sección «ABC de la Mujer» en ABC, a través de la cual miles de lectoras pudieron conocer sus derechos y detectar injusticias en materia de familia, adopción y relaciones conyugales.
Vida personal y memoria escrita
Su vida personal también condicionó su trayectoria pública. En 1960 obtuvo la nulidad eclesiástica de su matrimonio con Eduardo Llosent. Dos años después se casó con José María González de Careaga; a partir de entonces su presencia en los tribunales se redujo, y se volcó más en la investigación histórica y la escritura.
En los años ochenta publicó una serie de volúmenes memorialísticos: Visto y vivido (1931-1937), Escucho el silencio, Espejo roto y espejuelos y la novela autobiográfica La infancia. En esas páginas revisa su fascinación juvenil por José Antonio Primo de Rivera, critica la deriva del régimen franquista —al que apoda «el albondigón» al hablar de la fusión entre falangistas y tradicionalistas— y reflexiona sobre la guerra civil española, los cambios de bando, los fusilamientos y el difícil «olvido» colectivo de la generación de 1936.

Pequeña historia de ayer: (Memorias, 1931-1958)
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Un legado complejo y rescatado del olvido
Su relación con el franquismo, compleja y en cierta medida ambigua, provocó que, tras la transición democrática, su figura quedara relegada. Una parte del feminismo receló de su pasado falangista, y sectores de la derecha tampoco reivindicaron con entusiasmo a una mujer que había cuestionado abiertamente la legislación patriarcal.
Aun así, con el tiempo su nombre ha ido reapareciendo. Recibió un homenaje en la Residencia de Estudiantes en 1997, la ciudad de Cádiz le dedicó una exposición y un busto coincidiendo con el centenario de su nacimiento, Madrid propuso poner una calle con su nombre en aplicación de la Ley de Memoria Histórica y Málaga colocó una placa en la casa donde pasó sus últimos años.
Mercedes Formica falleció en Málaga en 2002, afectada por Alzheimer. Dejó una obra literaria y jurídica que demuestra cómo una mujer, desde dentro de las estructuras franquistas, pudo erosionar un sistema legal que condenaba a las españolas a depender de sus maridos.
Cronología de Mercedes Formica
1913
Nace el 9 de agosto en Cádiz, en una familia acomodada
1932
Ingresa en la Facultad de Derecho de Sevilla; es la única mujer estudiando esa carrera.
1933
Sus padres se separan; se traslada a Madrid, se afilia a la Falange y asume cargos en el SEU.
1936
La Guerra Civil la sorprende en Málaga; vive la violencia del conflicto y huye vía Tánger a Sevilla.
1937
Se casa con el escritor Eduardo Llosent y se instala después en Madrid, en un entorno intelectual activo.
1940
durant esta década, publica sus primeras novelas (Bodoque), termina la carrera de Derecho y se colegia como una de las primeras abogadas en Madrid.
1948
Se licencia en Derecho en la Universidad de Madrid.
1950
Publica un estudio sobre El segundo sexo de Simone de Beauvoir en la Revista de Estudios Políticos.
1951
Su ponencia en el I Congreso Femenino Hispanoamericano Filipino es retirada por considerarse demasiado feminista.
1953
Publica en ABC el artículo El domicilio conyugal, que desencadena un debate nacional sobre la situación jurídica de la mujer casada.
1958
Se aprueba la reforma del Código Civil, llamada «la reformica»: se elimina el depósito de la mujer, se redefine la vivienda marital y se limitan los poderes del marido.
1962
Contrae matrimonio con José María González de Careaga; su presencia en tribunales disminuye.
1975
Recibe el Premio Fastenrath de la Real Academia Española por La hija de Don Juan de Austria.
1980
Durante la década de los años 80, publica sus memorias: Visto y vivido, Escucho el silencio, Espejo roto y espejuelos y la novela autobiográfica La infancia.
1997
Homenaje en la Residencia de Estudiantes; reaparece el interés por su figura.
2002
Muere el 22 de abril en Málaga, afectada por Alzheimer.
Obras destacadas
Narrativa
- Vuelve a mí (1944) — [como Elena Puerto]
- Bodoque (1945)
- Mi mujer eres tú (1946) — [como Elena Puerto]
- Monte de Sancha (1950)
- La ciudad perdida (1951)
- La mano de la niña (1951) — cuento
- El secreto (1953)
- A instancia de parte (1954)
- Collar de ámbar (1989)
Estudios, biografías y ensayos
- Falsas y verdaderas formas del feminismo (1975) — conferencia
- La hija de Don Juan de Austria. Ana de Jesús en el proceso al pastelero de Madrigal (1973)
- La infanta Catalina Micaela en la corte alegre de Turín (1976)
- María de Mendoza (1979)
Memorias y autobiografía
- Pequeña historia de ayer (Memorias, 1931-1958) (2020) — edición completa de las memorias
- Visto y vivido, 1931-1937 (1982)
- Escucho el silencio (1984)
- La infancia (1987)
- Espejo roto, y espejuelos (1998)
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- Ciclo Mujeres Malagueñas: Mercedes Formica, jurista y escritora. Ateneo de Málaga (2021).
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