Consuelo Berges fue maestra, periodista, escritora, traductora y activista. Durante la Segunda República defendió el sufragio femenino, estuvo vinculada a la revista Mujeres Libres y se convirtió en una figura decisiva en la profesionalización y defensa de los derechos de los traductores.
Biografía
Amalia Consuelo Berges nació en 1899 en Ucieda, localidad perteneciente al municipio cántabro de Ruente. Su infancia estuvo marcada por una circunstancia que, en aquella época, tenía un importante peso social, era hija de madre soltera. Creció, sin embargo, en un entorno familiar de librepensadores y republicanos, rodeada de libros.
No fue al colegio y se educó de manera autodidacta. La biblioteca familiar le permitió acercarse desde muy joven tanto a la literatura española como a la francesa y desarrollar una independencia intelectual que acabaría convirtiéndose en una de las características más reconocibles de toda su trayectoria. A los quince años se trasladó a Santander, a la casa familiar paterna, para ingresar como maestra en la Escuela Normal de Maestras.
Tras finalizar sus estudios, comenzó a enseñar en Cabezón de la Sal, en la academia de Matilde de la Torre, escritora, pedagoga y futura diputada socialista. Aquel ambiente educativo e intelectual resultó decisivo en sus primeros años profesionales.
Del magisterio al periodismo
Berges descubrió pronto que su verdadera vocación estaba vinculada a la escritura y al debate intelectual.
Comenzó a publicar artículos en el periódico santanderino La Región, inicialmente bajo el seudónimo de Yasnaia Poliana, nombre tomado de la finca rusa propiedad de León Tolstói.
Su escritura se caracterizó desde el principio por una marcada independencia de criterio. Abordó sin reservas cuestiones políticas y sociales y mantuvo relación con numerosos escritores, periodistas e intelectuales de su tiempo.
Entre las mujeres con las que mantuvo amistad o relación intelectual estuvieron Clara Campoamor, Concha Méndez, Rosa Chacel y María Zambrano.
Perú y Argentina: una escritora entre dos continentes
En 1926, Berges abandonó España y se instaló en Arequipa, Perú, cansada del clima político generado por la dictadura de Primo de Rivera. Allí continuó trabajando como profesora, escribió artículos y participó en conferencias y debates culturales.
Dos años después emprendió una nueva etapa en Buenos Aires. La capital argentina era entonces uno de los grandes centros culturales en lengua española y Berges se integró rápidamente en su vida intelectual. Colaboró en diferentes publicaciones, entre ellas El Diario Español y La Nación, y en 1929 dirigió la revista Cantabria, editada por el Centro Montañés de Buenos Aires.
Durante aquellos años estrechó su relación con Concha Méndez. La conexión entre ambas quedó incluso reflejada en sus respectivas obras: Méndez participó en Escalas, publicado por Berges en 1930, mientras que Consuelo escribió un texto introductorio para Canciones de mar y tierra, de la poeta madrileña.
En Buenos Aires coincidió con Alfonsina Storni y Norah Borges, con quienes mantuvo una excelente relación.
El regreso a la España republicana
Tras la proclamación de la Segunda República, Consuelo Berges regresó a Europa, pero pasó unos meses en París antes de establecerse definitivamente en Madrid a finales de 1931.
Su regreso coincidió con uno de los grandes debates políticos de aquel momento: el reconocimiento del derecho al voto de las mujeres.
Berges apoyó firmemente la postura defendida por su amiga Clara Campoamor, que consideraba el sufragio femenino un derecho que no podía condicionarse a la orientación política que pudieran adoptar las nuevas electoras.
Su compromiso con la igualdad fue mucho más allá de aquella cuestión. Participó en organizaciones y espacios vinculados al republicanismo, el pensamiento libertario y la emancipación femenina.
También perteneció a la masonería y defendió que las mujeres debían disfrutar dentro de ella de los mismos derechos que los hombres. En 1932 publicó precisamente el texto La mujer y la masonería.
«No se me alcanza en virtud de que convencimiento cabe afirmar que un hombre al recibir la luz masónica es dueño ni de mayor preparación ni de aptitud más excelente que la de la mujer».
—Consuelo Berges
Durante aquellos años trabajó además como bibliotecaria en el Archivo de la Junta Provincial de Beneficencia y continuó colaborando en prensa.
En 1935 apareció clandestinamente Explicación de Octubre, obra dedicada a los acontecimientos políticos que habían desembocado en la revolución de octubre de 1934. La censura obstaculizó su circulación.
Guerra Civil, Mujeres Libres y exilio
El estallido de la Guerra Civil transformó de nuevo su vida. En Madrid recibió el encargo de ocuparse de un orfanato de La Guindalera y participó en la evacuación de los niños hacia zonas alejadas de los bombardeos. Después se trasladó a Barcelona.
Allí colaboró con la revista Mujeres Libres, una de las experiencias más relevantes del feminismo anarquista español. En torno a la publicación trabajaron mujeres como Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada, Amparo Poch, Carmen Conde y otras activistas que defendían la emancipación femenina dentro del propio movimiento obrero.
Mujeres Libres promovió la alfabetización y la formación de las mujeres, defendió su autonomía económica y reclamó derechos sociales y laborales que con frecuencia quedaban relegados incluso dentro de los movimientos revolucionarios.
Tras la derrota republicana, en 1939, Berges cruzó la frontera francesa junto a miles de refugiados. Después de escapar de las instalaciones en las que fueron confinados numerosos exiliados españoles, consiguió llegar a París. Allí sobrevivió durante varios años en la clandestinidad, dando clases de español y escribiendo para publicaciones extranjeras.
Durante la ocupación alemana de Francia fue detenida. Finalmente, fue entregada a las autoridades españolas y repatriada.
La traducción como refugio y resistencia
El regreso a la España franquista no significó el final de sus dificultades. Su pasado republicano y libertario la convirtió en una persona políticamente sospechosa. No podía volver con normalidad a la enseñanza ni trabajar como periodista.
La traducción apareció entonces como una posibilidad de supervivencia. Lo que comenzó, en buena medida, como una necesidad económica acabaría convirtiéndose en el gran trabajo intelectual de su vida.
Consuelo Berges tradujo principalmente del francés y acercó al público en español la obra de algunas de las grandes figuras de la literatura y el pensamiento europeos, entre ellas Stendhal, Marcel Proust, Gustave Flaubert, Jean-Jacques Rousseau, Honoré de Balzac, Saint-Simon, Jean de La Bruyère, André Breton y Jean Descola.
Consuelo Berges y Stendhal
Entre todos ellos hubo un autor que ocupó un lugar destacado en su carrera: Stendhal.
Berges dedicó años a traducir y estudiar su obra. Tradujo títulos como Rojo y negro, La cartuja de Parma, Armancia, Del amor, Luciano Leuwen o Vida de Henry Brulard, además de participar en ambiciosas ediciones de sus obras.
Su relación intelectual con el escritor francés culminó también en trabajos propios como Stendhal. Su vida, su mundo, su obra (1962) y Stendhal y su mundo (1983).
Pero Berges nunca entendió la traducción como una actividad mecánica. Para ella exigía interpretación, conocimiento lingüístico, sensibilidad literaria y capacidad creadora.
La defensa de los derechos de los traductores
Consuelo Berges fue también una de las figuras fundamentales en la lucha por la profesionalización de la traducción en España.
En la década de 1950 participó, junto con Marcela de Juan, en la puesta en marcha de la Asociación Profesional de Traductores e Intérpretes (APETI).
La organización buscaba mejorar las condiciones profesionales del sector y, sobre todo, consolidar una idea que hoy parece evidente pero durante décadas estuvo lejos de serlo: una traducción es también una obra intelectual y su autor debe disfrutar de derechos y reconocimiento.
En 1956 recibió el Premio Fray Luis de León por su traducción de Historia de la España cristiana, de Jean Descola, galardón considerado antecedente de los reconocimientos nacionales a la traducción.
Décadas después dio otro paso decisivo al impulsar el Premio Stendhal, destinado a reconocer traducciones del francés al castellano.
Consuelo Berges, una intelectual difícil de encasillar
Reducir a Consuelo Berges a la categoría de traductora dejaría fuera buena parte de su importancia histórica.
Fue también periodista, ensayista, maestra, feminista, intelectual libertaria, masona, exiliada y una mujer que defendió sistemáticamente su independencia en un tiempo en el que las posibilidades de participación pública femenina eran muy limitadas.
Su biografía permite, además, reconstruir toda una red de mujeres que participaron activamente en la cultura española del primer tercio del siglo XX: Clara Campoamor, Concha Méndez, María Zambrano, Rosa Chacel, Matilde de la Torre, Carmen Conde, Mercedes Comaposada o Alfonsina Storni, entre muchas otras.
Berges murió en Madrid el 23 de diciembre de 1988. Su legado permanece especialmente ligado a la historia de la traducción española y a la defensa de los derechos profesionales de quienes dedican su vida a acercar unas literaturas a otras.
Su historia merece también ser recuperada desde otro lugar: el de tantas mujeres cuya influencia intelectual fue enorme, aunque durante mucho tiempo sus nombres permanecieran detrás de las obras que ayudaron a transmitir.
Cronología de Consuelo Berges
1899
Nace en Ucieda, Cantabria.
1914
Se traslada a Santander y comienza su formación como maestra.
1920
Trabaja en la academia de Matilde de la Torre en Cabezón de la Sal.
1924
Comienza a publicar artículos en La Región bajo el seudónimo de Yasnaia Poliana.
1926
Abandona España y se instala en Arequipa, Perú.
1928
Se traslada a Buenos Aires.
1929
Dirige la revista Cantabria del Centro Montañés de Buenos Aires.
1930
Publica Escalas.
1931
Regresa a Europa y finalmente se instala en Madrid. Publica su trabajo sobre Concepción Arenal.
1932
Publica La mujer y la masonería y continúa su defensa de la igualdad entre hombres y mujeres.
1935
Publica clandestinamente Explicación de Octubre.
1936
El comienzo de la Guerra Civil modifica radicalmente su vida. Participa en la evacuación de niños desde Madrid.
1937-1938
Trabaja en Barcelona y colabora con Mujeres Libres.
1939
Cruza la frontera francesa y comienza su exilio.
1939-1943
Vive clandestinamente en París.
1943
Es detenida durante la ocupación alemana y posteriormente repatriada a España. Ante las limitaciones impuestas por el franquismo, hace de la traducción su principal profesión.
1950
Durante esta década, se convierte en una de las grandes traductoras españolas de literatura francesa.
1954-1955
Participa con Marcela de Juan en la creación y consolidación de la Asociación Profesional de Traductores e Intérpretes.
1955
Se publica su traducción de las obras de Stendhal en un importante proyecto editorial.
1956
Recibe el Premio Fray Luis de León por su traducción de Historia de la España cristiana, de Jean Descola.
1962
Publica Stendhal. Su vida, su mundo, su obra.
1960-1970
Continúa traduciendo a figuras fundamentales de la literatura francesa, entre ellas Proust y Flaubert.
1982
Impulsa el Premio Stendhal de traducción.
1983
Publica Stendhal y su mundo.
1988
Fallecerá en Madrid, el 23 de diciembre.
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- Consuelo Berges. Ateneo Santander (2024).
Obra destacada
Ensayo y prosa
- Escalas (1930)
- Explicación de Octubre. Historia comprimida de cuatro años de República Española (1935)
- Stendhal. Su vida, su mundo, su obra (1962)
- Stendhal y su mundo (1983)
Biografía
- Concepción Arenal: Algunas noticias de su vida y obra (1931)
Pensamiento feminista y masonería
- La mujer y la masonería (1932)
Artículos y periodismo
Consuelo Berges desarrolló durante décadas una amplia actividad periodística en España y América. Publicó, entre otros medios, en La Región, El Sol, La Nación, El Diario Español, Revista de las Españas y Mujeres Libres.Novela

Periodista comprometida

Letra de mujer: Clara Campoamor, Carmen de Burgos y Consuelo Berges: correspondencia con Paulina Luisi
Traducciones destacadas de Consuelo Berges
Su bibliografía como traductora es muy extensa, por lo que se ha seleccionado las traducciones más relevantes
Stendhal
- Armancia
- Rojo y negro
- La cartuja de Parma
- Crónicas italianas
- Del amor
- Ernestina o El nacimiento del amor
- Lamiel
- Luciano Leuwen
- Paseos por Roma
- Vida de Henry Brulard
- Vida de Mozart
- Vida de Rossini
- Napoleón
- Vanina Vanini y otros cuentos
Gustave Flaubert
- Madame Bovary (1975, edición de Alianza)
- Un alma de Dios
- Tres cuentos
- Diccionario de tópicos
Marcel Proust
Tradujo varios volúmenes de En busca del tiempo perdido, entre ellos:
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- La fugitiva
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También tradujo:
- Jean Santeuil
- Los placeres y los días
Jean-Jacques Rousseau
- El contrato social
Saint-Simon
- La corte de Luis XIV
Honoré de Balzac
- Un asunto tenebroso
André Breton
- Magia cotidiana (1975)
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- Historia de la España cristiana (1956)
- Los libertadores (1957)
- Los conquistadores del Imperio español (1960)
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